Cuando los datos también tienen una intención. El cliche de tomar decisiones sin sesgos.

En el mundo de la toma de decisiones basada en datos, se ha vuelto casi un mantra hablar de “eliminar los sesgos”. Se asume que lo idea es lograr una total objetividad, libre de distorsiones. Pero esta idea o narrativa es, en sí mismo, un cliché. No porque la búsqueda de la objetividad no sea de valor, al contrario, pero se ignora una realidad los sesgos son imposibles de eliminar, lo que más podemos hacer es identificarlos.

Como seres pensantes y vivientes, estamos cargados de sesgos. Mas que un error que podríamos erradicar a través de una formula o un algoritmo. Los sesgos son producto de nuestro contexto actual, nuestras experiencias pasadas y nuestra cultura. Están tan arraigados en nosotros que percibimos, seleccionamos y comunicamos la información bajo una discrecionalidad propia

En la comunicación con datos, es perfectamente visible, cada gráfico, cada visualización, cada elección de color, tipografía o escala implica una intención. Puede ser explícita o implícita, consciente o inconsciente, pero siempre está presente y esa intención, inevitablemente, introduce un sesgo.

Por eso, cuando hablamos de “decisiones basadas en datos”, en realidad hablamos de decisiones basadas en la interpretación de los datos, mediadas por el hablante (quien nos los presenta) y el oyente (quien los observa). El ideal de la objetividad es imposible en la realidad. Los datos no hablan por sí solos; hablan con la voz de quien los crea, diseña y comunica

La relación entre datos, sesgos y diseño está siempre tirante, permanentemente en tensión. Si logramos identificar esa tensión, podemos empezar a descifrar la intención detrás de la representación. Preguntarnos: ¿qué busca mostrar el gráfico? ¿Qué quiere resaltar o dejar en segundo plano? ¿Cuál es su agenda?

Como espectadores, también tenemos un papel activo en este proceso. Debemos reconocer no solo la posible intencionalidad del autor, sino también nuestros propios sesgos. Porque no vemos un gráfico como realmente es, sino como somos en base a nuestras experiencias e historias propias

La visualización de datos no es más que un acto de comunicación, no de transparencia

La comunicación de datos nos orienta, nos persuade, nos llevan a una interpretación y a una idea. Y aunque somos dueños de nuestras conclusiones esta siempre está marcada por la subjetividad de quien la diseña.

Por eso, más que erradicar los sesgos deberíamos aprender a identificarlos., ojalá comprender los mismos como una intención, como algo que nos permite comprender lo que muestran os datos, sino también ¿por qué se muestran así?

Por qué la realidad de la comunicación con datos no es solo la información que se posee, sino más bien la forma como el comunicador quiso que la observáramos

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